En el fútbol hay que saber a lo que se juega. Hay que ser fiel al estilo que te da buenos resultados, porque si haces lo que no sabes, si pierdes tú orden, acabas pereciendo. El gran ejemplo nos lo puso esta noche el Glasgow Rangers en Manchester. El equipo de Walter Smith comenzó jugando como sabe, esperando atrás, bien juntito, sin conceder un metro, sin dar un espacio, minando poco a poco la confianza de un Zenit que se veía impotente pero que nunca cesaba en su empeño. Sin embargo, tras el descanso los escoceses comenzaron a estirarse, rozaron el tanto y creyeron que atacar era buena idea. Por supuesto se equivocaron. No, no jugaban en su liga, en frente tenían un equipazo que no tardó en oler los espacios. Y ahí comenzaron a ganar la final los rusos.