Hablar de presupuestos, ultimamente, es hablar de carencias. A nivel estatal no hay secretaría que aguante siquiera la afición de una persona. Los Juegos Olímpicos implican Estados e implican vidriera, son la jugada estatal, donde tienen la posibilidad de mostrarse, de exponer sus habilidades. Pero parece que algunos no lo entienden así. El deportista argentino se reduce a su brillo, a sus momentos de esplendor, los mismos momentos que reproducen los sponsors en la previa preolímpica. Luego, viene el derrotero. Y el derrotero poco le importa a Pepsico o a la Telecom. El financiamiento privado para los atletas, sponsoreo básico, aguanta las victorias, los picos de destreza: ante la ausencia de estructura, de un punto de vista y de apoyo sincero el capital privado es el encargado, con altibajos por cierto, de administrar los recursos y motivaciones de los deportistas argentinos clasificados para Beijing 2008.